Finalmente era una Moleskine

Finalmente y sin saberlo me compré una Moleskine. Mi intención era comprar una libreta de tapas negras con goma para cerrarla, que “caramba, se parece a una ¿cómo se llamaba?… ¡ah, sí: una Moleskine! y resultó ser que me estaba comprando una auténtica.

La idea original era comprar una pequeña libreta que pudiese llevar en la bandolera, que se ejecutó en la compra de una libreta cuadriculada con goma para cerrarla, que “finalmente resultó ser una Moleskine“.

Con ella y un portaminas interpreto, sentado en la terraza de una pizzería, de nuevo el mismo papel de falso Prometeo. Estos momentos me permiten sobrellevar la desviación entre lo que soñé una vez y lo que resultó ser. De este modo puedo regalarme (un tanto) este ego (de un tiempo a esta parte) (más bien) mermado, creyendo que esto que escribo, un viernes al mediodía, tras comer una ensalada, tiene algún valor.

En todo caso, tengo que volver al trabajo YA

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