Aquello de escribir

Antes, pero que mucho antes que los tres arces o mi hija Martina, fue [el deseo o la necesidad de] escribir. Sobre un cuaderno de anillas cuadriculado tamaño A4 y con una pluma Parker, parte del juego de bolígrafo y pluma regalo de La Primera Comunión (lo juro). En ocasiones, hasta dos horas diarias. Nada estructurado siempre unos párrafos sueltos… aforismos creía yo.

Cuántas habré reflexionado por los motivos que me llevaban a escribir y a soñar que llegaría a ser escritor. Y después de darle vueltas, no sé si muchas o pocas he reducido a éstos mis motivos:

1º. Porque leía y me gustaba leer.

2º. Por una necesidad puramente psicológica de expresar por escrito el caos mental que acompañaba a éste, que fue y cuando fue, un adolescente. Una estrategia bien válida para analizar la realidad y a uno mismo, para encontrar soluciones a problemas, para desahogarse, para contárselo a un pedazo de papel ya que no había otro interlocutor.

3º. Lograr la gloria literaria. ¡Qué fuerte!. Esto sí que ha sido una declaración sincera, despojada de falsas modestias… y también y por desgracia para mí, completamente alejada de la realidad y la posibilidad. Pero claro, cuando uno no tiene a su padre como modelo sino, pongamos por caso, a Cortázar, pues, qué menos que arda en su pecho el deseo de alcanzar ese mismo Olimpo de los publicados, leídos y admirados.

La perspectiva de dedicarme al oficio de escritor, sobre todo desconociendo sus entresijos y frecuentes miserias, ofrecía muchos atractivos: es un trabajo bonito, vamos a decir incluso “chic”, comparado con la contabilidad o la programación en .NET, por ejemplo; intelectual y emocionalmente muy gratificante; además parecía lo bastante bien retribuido para ganarse la vida (insisto, perspectiva adolescente); sin horarios, sin rutina; prestigio social, ¡of course!. ¡Señora, todo son ventajas!

Han pasado los años, estoy muy cerca de la cuarentena y… simplemente aquello se quedó en el camino. Una vez terminé los estudios de Derecho y me rendí como opositor, tuve distintos trabajos, básicamente como comercial y administrativo… es decir, nada más lejano de aquello que…

Y tengo que ser franco conmigo mismo (porque ni Jesucristo más va a leer esto) sé que no estoy capacitado para ello. No ha sido la mala suerte, ni las circunstancias, sino yo: la falta de capacidad (seguramente), pero sobre todo la carencia de de constancia, de pasión y de esa capacidad maravillosa, limitada a unos pocos elegidos, de fijar un objetivo y hacer todo lo necesario para cumplirlo. Simplemente me he dejado llevar por lo que la vida me ha ido ofreciendo… quiero decir aquello que la vida te da cuando no te esfuerzas demasiado.

No creo ser un caso excepcional. Creo que esto es lo normal, y la verdad es que es eso precisamente lo que me jode. Sí, acabar siendo tan normal. Busco un adjetivo más preciso: tan vulgar.

¿Qué tipo, verdad? Dime qué opinas de él/mí.

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1 comment so far

  1. Zeltia on

    Pues yo opino lo que más te jode: que no eres original en eso. Bueno, yo nunca quise “ser escritora” ni alcanzar la gloria muchísimo menos. Yo creo que ya de siempre supe que lo mío era pasar “sin pena ni gloria” a pesar de que en el colegio solía ser en clase de las admiradas en clases de dibujo y las redacciones y esas tonterías. Si tuviese un poco más de autoestima, la constancia y el empeño necesrio, quien sabe, tal vez habría podido destacar en algo… como decían “desperdicias tus talentos” ¿que talentos? me preguntaba yo.
    No fué esa reflexión lo que me llamó la atención de tu post, sino la segunda parte, cuando dices:
    “pero sobre todo la carencia de de constancia, de pasión y de esa capacidad maravillosa, limitada a unos pocos elegidos, de fijar un objetivo y hacer todo lo necesario para cumplirlo. Simplemente me he dejado llevar por lo que la vida me ha ido ofreciendo… quiero decir aquello que la vida te da cuando no te esfuerzas demasiado.” eso lo he pensado yo tantas veces… pero en los últimos años, antes prefería echarle la culpa a la mala suerte,a la falta de oportunidades, a haber nacido pobre, a tener mala suerte con los hombres, a tener mala salud, a ser bajita, a ser fea… jajaja.
    Me apetece a mí escribir eso, y como pienso lo mismo… vamos que te lo voy a copiar. (también es un talento, no te creas, no todo el mundo vale para copiar ) ¿conoces la anécdota famosa del profesor y el alumno? “-como supo que había copiado?” – porque ha escrito Vd. “como se puede ver en la fotografía que ilustra el texto”
    Que buenas noches,voy a reconciliarme con mi cuerpo.

    Zeltia.


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