Envidia…

Orsai: El colmo de un campesino

El chico de entonces, el gordito aquel que caminaba las cuatro cuadras con el corazón en la garganta y el texto novato entre las manos, el que deseaba que la vida futura estuviese llena de tinta y de palabras, puede dormir tranquilo. Estoy feliz de no haberlo traicionado.

Pero él seguro que más.

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