Nada que añadir

No estaba entendido lo que me decía. Al final tuve que preguntarle a dónde quería llegar

– “La radio no funcionó” – me contestó.

Entonces entendí que era su sobrina y que ya sólo era cuestión de unos días. Nos miramos durante unos segundos, incapaces de añadir nada más.

A partir de ese momento sólo pude pensar en volver a casa y enroscarme como un perro con mi hija en el regazo, rogándole a Dios o Naturaleza o Potencia Ignota que a mí, que a mí no me pase.

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